El bulling ¿Cómo combatirlo?

Reflexión del bulling

El bulling es un concepto que actualmente está muy presente. Es una agresión que se desarrolla en una escena, y dónde cada persona que lo compone se juega algo en ella. No se da esta agresión sin testigos, y por ello tienen un papel tan importante.

El bulling no tiene sentido sin la mirada de fuera de los iguales, ante los que queda claro que el agresor nada tiene que ver con el que somete y con ello reafirma la negación de la semejanza. Algo del agresor se encuentra en el agredido y viceversa, es eso con lo que ambos se identifican y les une de manera destructiva. El agresor niega esta identificación, por ejemplo golpeando. Cuánto más golpea, mayor es la sensación de alejarse de lo que no quiere reconocer en sí mismo y que el otro con su presencia le recuerda.

El agredido, por su parte, queda inhibido, intentando así evitar el acto. Queda mudo, sin poder poner palabras, con miedo a salir de ese lugar, pues entonces tendrá que actuar y no está preparado para hacerlo, ni defenderse de la ofensa, ya que los testigos tienen un papel muy importante. Las personas que observan y guardan el secreto de la agresión tienen miedo a convertirse en la víctima si hablan, y es tan poderoso el miedo que les resulta imposible denunciar lo que ocurre, por muy en desacuerdo que se encuentren.

Esto mismo no solo les pasa a los niños o a los adolescentes. Este miedo también inunda a los adultos y los paraliza en muchos momentos. Si un adulto ve una agresión, se hace invisible para que no le ocurra lo mismo, pues el miedo es real. Todos hemos visto como han muerto valientes, quizá la salida no es meterse en la pelea y separar. Quizá es suficiente con dar parte a la ley para que ella haga su trabajo de cuidar.

¿Cómo podemos crear valientes? Siendo valientes nosotros, los adultos. No haciéndonos cómplices de la violencia a pesar del miedo, ayudando a los niños a poner palabras y la positividad de ello. Pues si uno habla, ya sea agresor, agredido o testigos, el bulling desaparece.

El agresor es alguien que necesita ayuda para poder hablar y elaborar lo que le pasa con el otro. El agredido no es solo una víctima y es importante ayudarle a salir de ese lugar, a que no quede mudo cuando le agredan y a que pueda denunciar. Los niños y adolescentes son testigos de los adultos y de cómo manejamos la violencia. Así como lo hagamos, ellos lo harán. Todos somos responsables de la violencia.


María Trinidad Arena Jara

Máster en Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Experta en Psicodiagnóstico y Técnicas Proyectivas

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